26 de mayo de 2011

Kuala Lumpur

Llegamos muy cansados a Malasia y habiendo dormido muy poco, para ser más preciso solo un par de horas en el aeropuerto  durante los últimos 2 días, ese día habíamos llegado al hotel a la 1 de la mañana y el mismo día a las 8 estábamos arriba, despiertos y  pasados de revoluciones  pero con muchas ganas de empezar a hacer esa vida de turista que teníamos negada durante los últimos 3 meses en Nueva Zelanda.
 Creo que si algún día me tiran en Kuala Lumpur con los ojos vendados, podría reconocerla tranquilamente. El olor a comidas típicas que corre por todas las calles de la ciudad es una de las cosas que mas lo caracteriza, junto al calor sofocante que no afloja ni en la noche. Más allá del aroma en general que se respira por las calles, también se van a oler diferentes aromas particulares cuando uno se encuentre cerca de algún puesto de comida típica. 
La primera impresión que tuve de Kuala lumpur  fue la de una ciudad construida en medio de la jungla hace no mas de 500 años atrás. Básicamente es una jungla  de cemento con rascacielos modernos y mezquitas de mas de 500 años de antigüedad obviamente, algún que otro templo budista y una enorme cantidad de motos y personas por todos lados.
Es una ciudad muy sucia la verdad, bueno, todo el sudeste asiático lo es en general, mucha basura por las calles, muy poca higiene, enfermedades etc.  Pobreza incluida y mucha, pero de otro tipo, una pobreza para admirar la verdad porque a pesar de ver gente durmiendo en la calle, pidiendo comida o todo lo que acostumbramos a ver, la gente acá no es resentida, y envidiosa a los que mas tienen,  por eso es muy común ver por las calles de China Town un montón de gente durmiendo en la calle a alado de camionetas 4x4 y autos 0 Km. Ese miedo que se respira en las calles de Buenos aires acá no existe, acá no llego por suerte, de noche se mezcla la pobreza asiática con los Europeos ricos que vienen a pasarla bien y así y todo nunca vi ningún robo ni nada extraño.
(En las Torres Petronas)


(Little India, una de las paradas del Bus)


(En Batu Caves, para llegar aca nos tubimos que tomar un tren desde Kuala Lumpur)


(En una de las Mezquitas mas famosas de la ciudad, nos hicieron poner esas tunicas para poder entrar)

Nos familiarizamos un poco con las calles, la gente, la cultura y nos tomamos un Bus turístico que te paseaba por las 20 mejores atracciones que tiene Kuala Lumpur para ofrecer, uno se puede bajar en cualquiera de los 20 lugares y quedarse el tiempo que quiera sabiendo que cada 30 Min. Pasara un nuevo Bus a recogerlo y llevarlo a un nuevo destino. Un tour muy recomendable, mas con todo lo que tienen esta ciudad para ofrecer. Recuerdo que en Argentina siempre me cruzaba este bus en Capital y nunca en mi vida pensé que me iba a subir a uno, y acá estoy del otro lado del mundo disfrutando arriba de uno.
El Bus fue una buena idea para liquidar Kuala Lumpur, mas sabiendo lo caro que era esta ciudad y con la escases de tiempo que disponíamos para recorrer el sudeste asiático, asique luego de un par de días decidimos encarar hacia el Norte, más precisamente la Isla de Penang, situada en el extremo norte de Malasia a solo 200 Km. De la frontera con Tailandia.| 


(Arriba del bus que nos llevo a recorrer la ciudad)

(Caminando por las calles de China Town, muchas boludeces para comprar)

Bienvenidos a Malasia.

Siempre recordare la llegada a Malasia, como también voy a recordar la de Nueva Zelanda. Esas primeras horas en un nuevo país, la llegada al aeropuerto, el clima, su gente y demás hace que uno se sienta no en otro país, sino en otro planeta. Tengo que reconocer que la llegada a Malasia, viniendo de Nueva Zelanda, fue muy fuerte, fue como viajar  al pasado, mas viniendo de un país tan avanzado  donde todo es perfecto.
Caer en un país con un elevado  índice de pobreza donde las ciudades se encuentran literalmente dentro de una jungla hace que uno los primeros días se sienta muy extraño, muy perseguido y con un poco de miedo a lo nuevo y desconocido.
Fue toda una odisea llegar a Nueva Zelanda, y mucho más llegar de Nueva Zelanda a Malasia. Para empezar nos tomamos un vuelo desde  Wellington a Christchurch y en Christchurch tuvimos que esperar casi un día en el aeropuerto para que salga nuestro avión hacia Kuala Lumpur, y para colmo una vez que nos tomamos el avión yo pensaba que el viaje duraba 8 Hs. Pero arriba me entere de que iban a ser unas largas e incomodas 12 Hs. arriba del avion.
Los vuelos de Airasia se caracterizan por ser muy baratos, pero realmente viajas muy mal, muy incómodo, el espacio que tenes entre asientos es muy corto, te podes reclinar muy poco y no te queda otra que estar despierto todo el viaje. También tienen que saber que las tarifas son baratas porque dentro de ellas no te incluyen la comida, y dentro del avión pasan a cada rato las azafatas con los carritos para venderte comida, refrescos y hasta souvenirs. Todo muy precario, es como viajar en un colectivo con alas.
Nos bajamos del avión con 30 grados en la noche. El lugar donde nos sellaban los pasaportes era un galpón alado del de Nueva Zelanda, nos dieron la visa y ni tuvimos que pasar los bolsos por los rayos X,  seguimos caminando y cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos afuera del aeropuerto, todo en menos de 15 min. Muy pocos controles la verdad, mas sabiendo que en este país si te agarran con droga te dan pena de muerte o por lo menos eso decía la tarjeta de arribo.
Fuera del aeropuerto fue donde realmente me di cuenta lo lejos que estaba de casa, sin saber que hacer y para dónde correr. Por suerte nos pudimos conectar a internet desde el IPOD y encontramos al Chato conectado, él había llegado a Malasia con Michi 2 días antes que nosotros y nos estaban esperando en China Town para empezar a recorrer el sudeste asiático juntos.
El Chato fue el que nos orientó un poco y nos dio los pasos a seguir desde el aeropuerto para tomarnos un colectivo barato hasta Chinatown, donde él nos iba a esperar con una habitación reservada.
El viaje desde el aeropuerto hasta Chinatown duro 30 Min. Éramos 8 personas dentro del colectivo, la mayoría turistas. El chofer un hijo de puta, nos hizo esperar como 25 min. Dentro del bus en el aeropuerto, cuando Pisko salió fuera del Bus a fumarse un pucho el chofer espero que lo prenda para avisar que ya nos estábamos yendo. Durante el viaje no vimos muchos autos en la autopista,  pero los pocos que se cruzaba, el chofer les pegaba el colectivo atrás a menos de 2 metros  haciéndole juegos de luces, tocándole bocina y molestando a TODO el mundo, pasaba los autos por la mano lenta, zigzagueaba por todos lados y fue fácil a 120 todo el viaje, un loquito. Después con el correr de los días nos enteramos que acá en Malasia cuanto más grande es el vehículo más “autoridad” tenes en la calle… Los colectiveros de Argentina alado de estos son un pan de dios si les sirve de consuelo.
Era muy tarde y de noche, el chofer se baja y grita “China town”.  Cuando estoy por encarar la puerta del Bus, veo que afuera hay como 10 personas gritando  “Taxi”,”Hostels” todos desesperados, gente muy humilde y pobre obviamente, yo desde arriba del bus mirándolos sin querer bajar, parecían zombis, en ese momento me volví a cuestionar en donde me había metido. Juntamos fuerzas, bajamos y entre todos los zombis que se arrojaban a nosotros para ofrecernos hasta a su tía, vimos la cara del Chato que muy gentilmente nos estaba esperando en la parada del Bus, ver al chato en cuero de ojotas y mezclado entre toda esa gente me dio un poco de tranquilidad, fue como ver a Dios.
Caminamos con nuestras mochilas esas 5 cuadras hasta el Hostels, volver a ver gente durmiendo en la calle fue muy fuerte, desde Argentina que no tenía esa imagen. El chato, por más tranquilo que se lo veía caminando por las calles de Chinatown en cuero y saludando gente, también nos comentaba que los primeros días se preguntaba donde se había metido y que quería regresar a inmediatamente a Nueva Zelanda, pero el proceso de adaptación a esta nueva cultura es muy corto por suerte y ya a los 2 días nos sentíamos como peces en el agua caminando por las calles de Kuala Lumpur.