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20 de enero de 2012

Trekking en PAI.

Llego el día del trekking, una de las experiencias más enriquecedoras del viaje, debido a que íbamos a experimentar estar en contacto con la naturaleza durante 3 días seguidos, esto significaría caminar un par de horas por día en medio de las junglas de Tailandia y pasar la noche con tribus locales.
Nuestro guía iba a ser el dueño del hotel y el mismo que nos fue a buscar a los micros cuando llegamos a Chang Mai para vendernos el combo del Trekking+Alojamiento. Si bien el tipo era un garca y ya nos había cagado, no quedaba otra que relajarse y disfrutar de la experiencia que íbamos a estar por vivir.
A las 9 de la mañana nos teníamos que juntar en el hotel y un tuc tuc camioneta nos iba a llevar a PAI, la ciudad en la cual íbamos a hacer el trekking.
Como pasó a lo largo de todo el viaje, siempre que teníamos una excursión, viaje o lo que fuera la noche anterior intentábamos no salir y acostarnos temprano pero por una cosa u otra siempre terminábamos saliendo, volviendo tarde, y sufriendo la resaca al día siguiente. El trekking no iba a ser la excepción y esa mañana eran las 8 AM y ni la mochila habíamos preparado, esto significaba comprar frutas, agua, ropa cómoda, piloto, zapatillas acordes, repelente, botiquín y todas esas cosas que te das cuenta que te olvidaste cuando estas en plena montaña caminando.
La noche anterior habíamos ido a un bar cerca del centro de Chiang Mai y a 3 cuadras del hostel. Para las 8 de la mañana, hora en que nos acostamos aun seguíamos medios borrachos. Arme la mochila con lo primero que me encontraba a mano, nos subimos a la camioneta y a las 10  nos encontrábamos desayunando en  PAI.
El viaje en camioneta se sufrió bastante y mas en mi estado, intentando dormir con 25 grados, semiborracho en una cúpula de una Toyota con los amortiguadores rotos. Para colmo nuestro guía nos ofrecía whisky de tomar cada cinco minutos. Pero eso no era nada a comparación de las 2 horas que tuvimos que caminar al rayo del sol con resaca por la jungla. Yo creo que ya a los 30 minutos había transpirado todo el alcohol de la noche anterior.
(Pisco encabezando el grupo, la calor que hacia)

Entre una cosa y la otra llegamos a la primer tribu alrededor de las 4 de la tarde, es muy shockeante ver como estas tribus pueden vivir totalmente alejadas de la ciudad, sin necesidad de tener muchas cosas materiales que nosotros estamos acostumbrados a tener, como así también necesidades básicas como el gas, luz etc.
Lo primero que nos presenta el guía fue el lugar donde íbamos a dormir en la noche. Una cabaña hecha totalmente de cañas, con un par de frazadas para taparse totalmente  empapadas por la humedad  y como si esto fuera poco un par de arañas dando vueltas por el lugar.
Fue muy gracioso, cuando las 10 personas que estábamos haciendo el trecking entramos a esta cabaña y todos (principalmente las mujeres) empezaron a decir “Yo ni loco duermo acá” y a la noche no les quedaba otra que dormirse con las arañas rondando por su cuerpo.
La tribu nos trato excelente y nos llevamos buenos recuerdos, fue una linda experiencia saber como se puede vivir con tan poco.
(En la cancha de fútbol)

(Una de las tantas arañas en el cuarto)

Esa tarde improvisamos un partido de fútbol con los pocos recursos que teníamos, pelota de fútbol pinchada, cancha embarrada, descalzos y con un par de chanchos y gallinas dando vuelta por el estadio.
Esta gente se quedaba sorprendida de todo, parecía como si vivieran un par de años mas atrás que nosotros, a la altura de darles una cámara de fotos y tener que explicarles lo que era y como usarla.
Por la noche hicieron una típica olla popular y comimos comida tailandesa. Luego de la cena las niñas de la tribu nos tenían preparado un show de canto y baile muy típico de la región.
Si bien a lo largo de todo el viaje uno trata de no pensar en donde esta, por un tema de lo muy lejos que se encuentra uno de casa  y no hacerse la típica mala sangre de que pasaria si me pasa algo acá y blabla. En este lugar fue una de las pocas veces donde me plantie esta pregunta, y no era para menos, estaba literalmente del otro lado del mundo y conviviendo con una tribu en medio de la jungla!, Y a mi como siempre me pasa algo era inevitable no pensarlo un poquito… Por suerte no hubo que lamentar nada ni a mi ni a Pisco (mi compañero de viaje), se puede decir que salimos ilesos de la jungla y que la sacamos bastante barata.
A la mañana siguiente nos esperaban 2 horas mas de caminata, Almuerzo, siesta y un tramo de alrededor de 30 minutos en elefante!.
La experiencia con elefantes es algo que si o si  tenes que realizar en Tailandia, en algún momento del viaje lo teníamos que hacer, y ese fue el nuestro. Que les puedo decir, es algo único estar sentado ahí arriba y pensar que te comes toda la jungla por delante, pasar por lugares y arroyos donde a pata no pasas. Te sentís el rey de la selva básicamente.
Llegamos al nuevo campamento pero esta vez sin tribu de por medio, era solamente un kincho de cañas de bambú para pasar la noche muy parecido al de la noche anterior, por suerte esta vez sin arañas o por lo menos a simple vista no vimos ninguna.
El tercer y último día la caminata iba a ser de una horita nomás, caminamos por un bosque repleto de arañas de todo tipo, colgaban de sus telas por todos lados y teníamos que estar atentos en todo momento de no comernos ninguna. Llegamos a un rió y ahí nos estaban esperando las balsas hechas de bamboo, nos dividimos 4 personas por balsa y nos sumergimos a remar por los ríos, aunque mas que remar era dejarse llevar por la corriente y enderezar constantemente la balsa.
Llegamos al “muelle”, dejamos las balsas, caminamos un par de metros y volvimos a ver asfalto luego de tres días de andar y andar. Se acabo la experiencia con la naturaleza, nos paso a buscar nuevamente la Toyota para llevarnos a nuestro hotel en Chiang Mai.

(Cena, baile y show por la noche)

(Un poco de caminata)

(Arriba de dumbo)

(Bamboo rafting)

(La vuelta, todos cansados)

24 de octubre de 2011

Chiang Mai, la ciudad de los templos.

Siempre cuesta despedirse de las ciudades, Bangkok no iba a ser la excepción, esta ciudad fue la que más nos gustó por muchos motivos, es por eso que entre excursiones y salidas nocturnas se nos pasaron bastantes días que no teníamos programados, cosas que pasan… hay veces que uno no puede calcular los días en una ciudad, es por eso que siempre se nos terminaba yendo todo de las manos.
Había que seguir encarando al norte, próxima ciudad: Chiang Mai, la famosa ciudad de Tailandia caracterizada por ofrecer trekings en las selva  con visitadas por tribus de la región y algún que otro paseo en elefante, un combo perfecto e imperdible, sin dudas uno de los iconos del sudeste asiático.
En Bangkok ya podíamos reservar con anticipación este trekking de 1, 2 o 3 días, cosa que no hicimos por los miles de casos de estafa que escuchamos por las calles de Bangkok, asique solamente decidimos sacar el pasaje en micro hasta Chiang Mai y allí ver una vez más de lo que nos deparaba el destino.
De Bangkok a Chiang Mai se puede ir en tren y en micro, y ninguna de las dos formas te aseguran un viaje seguro ya que escuchamos miles de historias de viajeros que en el micro les daban agua para dormirlos y robarles, como así también personas que se metían en los compartimientos donde van las valijas para abrirlas y robarles cosas. Nosotros más que tomar de nuestras propias bebidas y algún que otro candando para la mochila no podíamos hacer, asique una vez más nos lanzamos a esta nueva aventura y luego de 12 Hs. de viaje nos encontrábamos sanos y salvos en Chiang Mai.
El Bus semi cama era medio pelo, salimos 6 de la tarde y llegamos al otro día a las 6 de la mañana con mucho sueño, al llegar al destino  nos iba a esperar una de las personas más chantas que hemos conocido en Tailandia. Su nombre no lo recuerdo, pero él iba a ser nuestro futuro guía del Trekking de 3 días que íbamos a realizar por la jungla.
Este tipo era dueño de un hostel, y disponía de sus propios Tuc-Tuc, lo que hizo con nosotros estoy seguro que lo hacía con todos los viajeros que llegaban en micro a Chiang Mai, luego de un par de coimas con el chofer. El micro nos dejó básicamente en el medio de la nada y allí se encontraba el con sus Tuc-tuc para cargarlos de turistas y llevarlos a su hostel, muchas opciones no teníamos, salvo que hubiéramos tenido la dirección de algún hotel, calle o lo que fuera de antemano asique no nos quedó otro remedio que subirnos a su tuc-tuc
El dueño fue siempre muy atento con nosotros,  llegamos al hotel  nos sentó a todos en una mesa y nos regaló el desayuno, mientras tanto él nos contaba acerca de las tarifas que estaba manejando para las habitaciones y los precios de los trekkings.
Nos llamaba mucho la atención lo barato que cobraba las habitaciones, como también lo insistente que se ponía para que contratemos el trekking, que de por si ya nos parecía muy caro. La verdad que mucha noción de los precios del trekking no teníamos, y a las 6 de la mañana tampoco daba y estaba abierta la ciudad como para averiguar, asique entramos en su verso y reservamos ahí mismo la excursión que luego íbamos a comprobar que lo que habíamos señado era casi el doble, pero bueno  por lo menos lo amortizamos con el precio de los días que pasamos en el hostel.
Más allá de la futura estafa que íbamos a recibir, hay que decir que el hotel fue uno de los mejores en los que estuvimos:  pileta, mesa de ping pong, pool, y un ambiente muy tranquilo y relajante. Muchas de las personas que estaban en el micro también pasaron varios días en este hote.
En cuanto a Chiang Mai, se puede decir que tiene su encanto y que es totalmente diferente a las demás ciudades de Tailandia, hasta la gente es más abierta y amigable. Aparte del Trekking, alquilamos una moto para ir al famosísimo templo llamado “doi suthep”, todo el mundo nos decía que si estuviste en Chiang Mai y no visitaste este templo es como si no hubieras estado nunca, algo así como ir a New york y no visitar la estatua de la libertad. El templo quedaba literalmente arriba de una montaña, montaña que se veía de toda la ciudad. Tuvimos que manejar alrededor de 40 Min. de los cuales 20 fueron de pura subida hasta alcanzar la cima. En el camino paramos en todo templo que se nos cruzara y  también  en un parque nacional con una cascada bastante buena.
 Una vez en la cima y para llegar, había que atravesar unas largas escaleras para dar con el  impactante templo dorado, desde allí arriba se tenía una visión espectacular de toda la ciudad de Chiang Mai.
Sin dudas el mejor templo en el cual hemos estado, totalmente recomendable. La ciudad igualmente se encuentra plagada de templos, no hace falta alquilarse una moto ya que saliendo a caminar por el centro uno puede cruzarse hasta dos templos diferentes por cuadra.
Y si algo le faltaba a esta ciudad era un mercado, que obviamente iba a tener, y uno de los mejores para hacer compras! mucha artesanía y mucho puesto de comida, buenas cosas y todo a muy buen precio. El mercado nocturno es también una de las principales atracciones de la ciudad y solo abre los fines de semana.
Se puede decir que le sacamos todo el jugo a la ciudad, ya que hicimos todo lo que había para hacer y recorrer, aunque solamente nos faltó ir a visitar a los Tigres al “Tiger temple”, pero esta atracción no era algo propio de la ciudad ya que los shows de tigres se encuentran en todo el sudeste asiático.
(La pileta del hotel)

(Templo en la ciudad)

(Canal característico de Chiang mai)

(Infaltable el piloto)

(Un poco de mercado)

(Comida típica, cucarachas, grillos y otros insectos.)

(Cascada al paso)


(Mirador, camino al templo)


(Escaleras previo al templo)

(La vista desde arriba de todo)

(Templo dorado)


(Hay equipo...)


(Ruinas en las afueras)